Una entrada diferente.

La muleta planchada en el hocico

un natural sucede al anterior,

la mano puesta en medio del palillo,

el ¡olé! surge desde el interior.

Hasta allí se va el trazo, infinito,

no termina en la cadera, más allá,

es el temple llevándolo cosido,

es empaque cuando abres el compás.

Una cuarta de trapo en el albero

deja un surco que siembra majestad,

surge un pase de pecho codillero

y un pase de la firma con Montblanc.

Le das aire al toro; y a la gente

nos ofreces un tiempo de relajo

para captar el arte en el ambiente

y entender lo que tú creas ahí abajo.

Al rato cuando vuelves a la cara

del toro sometido a tu valor

haces crujir la plaza tabla a tabla,

haces romperse manos, de clamor.

No te hace falta más, mas no te importa,

te pegas a esa arena tan taurina

y reinventas un pase con tu impronta,

revientas el toreo a manoletinas.

Gracias por vuestro tiempo.

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