Mes: junio 2012

Mi bici nueva.


Me he comprado una bici. En El Corte Inglés. Una maravilla que no pesa nada, con cambios en la maneta, pedales automáticos, llantas de carbono,… espectacular.

La pagué en el momento porque me encantó y hoy me la han traído unos chavales muy majos; hasta les he dejado propina de lo contento que estaba. En cuanto se han ido he empezado a desembalarla y resulta que me la han mandado verde en vez de azul, que las dos ruedas están pinchadas, los cambios en el cuadro, tiene 14 velocidades en vez de 21 y el sillín no es de gel si no tan duro que pareciera mármol almeriense bajo la funda. El manillar tampoco es el que encargué.

Obviamente lo primero que he hecho es buscar el teléfono del servicio de atención al cliente para mostrar mi más enérgica queja y pedir responsabilidades. Lo encontré y hasta lo tenía marcado en el móvil. Pero entonces he recordado una cosa importantísima: yo soy aficionado a los toros. Y si un torero es torero siempre supongo que el aficionado no debe ser menos. Así pues, he pensado como tal, como uno de los buenos; y entiendo que esos sólo pueden ser aquellos que tienen la potestad de repartir el carnet a quien consideren. Y he actuado en consecuencia.

Terminé llamando a El Corte Inglés, pero sólo para invitarles a una merienda-cena con sus mediasnoches y todo. A quien de verdad he puesto a parir ha sido al fabricante de ruedas y al de manillares (¡menudo chorreón le ha caído a éste!). Ellos son los verdaderos culpables del sucedáneo de bici que tengo en casa. Claramente.

¿Qué importa que mi dinero vaya a quién me la vendió y que este lo esté manejando desde que se lo entregué hasta hoy que me la han mandado? ¿Qué importa si se comprometieron a mandarme la bici tal y como la pedí? ¿Poner una reclamación directamente a ellos? ¡Sí hombre! Eso sería actuar como una persona normal. Y yo soy aficionado taurino. De los patanegra.

 

Adenda: No, no toda la culpa es de los empresarios. No, los toreros y en especial las figuras no están exentas de culpa ni mucho menos. No, aficionados y adyacentes, sobre todo la prensa, tampoco pueden tirar la primera piedra. Pero vamos a no empezar el tinao por la uralita

 

Gracias por vuestro tiempo.

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Llámame loco.


Estos dos últimos días en Tuiter han sido una locura, un gallinero como le he leído a alguien. Yo mismo he tenido algunas discusiones, pacíficas eso sí. Y en ellas se me hacían pocos los 140 caracteres para replicar correctamente; eso es lo que me trae hasta este post. Eso y que leyendo, viendo y escuchando determinadas cosas he llegado a pensar que, taurinamente hablando, estoy medio loco.

Así pues, llámame loco porque el saludo del mayoral de Cuadri anoche me pareció un desvarío a dos bandas. Del público que quedaba en la plaza por pedirlo y del mayoral por hacerlo. De tres si se dio el caso de que el ganadero lo consintiera.

Llámame loco porque lo anterior no implica que denoste a Cuadri o a su corrida. Es más, todo lo contrario, creo que hubo tres toros con interés; con muchos matices, pero interesantes. Y el balance de la corrida, estando por debajo de lo esperado, fue positivo.

Pero no queda ahí la cosa, puedes volver a llamármelo porque ni creo que haya sido la corrida de la Feria (Alcurrucén seguro por encima y, muy probablemente, Baltasar Ibán) ni que ningún toro fuera de premio. ¿Ese primero menos castigado en varas? A saber…

Llámame loco, y van 4, porque no creo que haya que mandar al matadero lo de ayer pero, como buen loco, figuradamente sí lo de anteayer. Ojo, no hablo de la ganadería en sí, si no de lo que lidió el jueves, cuarto aparte. Y lo que han lidiado tantas ganaderías desde el 10 de mayo.

Llámame loco porque no me explico como un día se exige el toreo sobre las piernas, con la promesa de entenderlo y esperarlo, y el siguiente se abronca.

LLámame loco de nuevo porque no entiendo la inquina con determinados toreros en este tipo de corridas que, sin estar bien, no estuvieron tan mal como se les voceó. Yo creo que muchas veces es para no pararse a criticar al toro pero, oye, yo estoy loco.

LLámame loco una vez más porque no concibo que el sector más intransigente del toreo carezca absolutamente de sentido crítico con determinados hierros.

Llámame loco porque creo que tanto revanchismo ayer, con tan limitados mimbres, no hace si no confirmar el fiasco previo.

Llámame loco, porque puedo considerar que un adolfo ha sido más morucho que bravo y que los cuvillos tuvieron más de rubios de aquitania que de otra cosa.

Llámame loco, con esta diez, porque pese a ello espero con ganas la de esta tarde y la del 6.

Y para terminar llámame loco porque soy capaz de disfrutar con lances, suertes, toros y toreros que se escapan de la idea perfecta que yo tengo de cada uno de ellos.

Bendita locura.

Gracias por vuestro tiempo.