El G10 que nunca fue.

Como casi siempre, yo escribo a mi ritmo. Ahora que el G10 está con la estocada en todo lo alto, si no apuntillado, es cuando me pongo a escribir sobre él.

En todo lo que he leído y escuchado después de que saltara la noticia de su desintegración, hay dos cosas comunes: empiezan con un halago (buenas intenciones, Cultura, TVE,…) y terminan por decir que no era el momento. Yo me sumo a esos elogios, pero me voy a permitir dudar de la inoportunidad. ¿Cuál es el problema temporal? ¿La crisis? ¿Económica, taurina o ambas? ¿No deben ser en los momentos críticos cuando se busquen soluciones para mejorar el sector? Quizá vean mejor seguir teniendo como patrón de conducta aquello de “Virgencita, Virgencita…”. Yo no lo creo; para introducir mejoras siempre es un buen momento. Otra cosa es el cómo.

Y en eso me quiero centrar hoy. A mi entender, el principal problema de este G10 es que nunca fue ni G, ni 10. Vamos por partes.

Enrique Ponce, con todo el respeto que se ha ganado en el ruedo, está sin estar y se va sin irse. César Jiménez, a la postre uno de los más honrados con el espíritu de grupo, no pasa de ser César Jiménez. El Fandi busca, desde siempre, la cantidad más que cualquier otra cosa. Cayetano era un modelo que toreaba y que ahora sólo es modelo. El Cid, que toreo y se acarteló como figura, ahora basa su temporada en la “caridad” mal entendida de las empresas de Madrid y Sevilla. Pero sobre todo, el problema de esta mitad del grupo es que no suponen ningún problema para las empresas de las grandes plazas. Ninguna feria se tambalea por la ausencia de cualquiera de ellos o de todos a la vez. Ese no es, precisamente, el problema de la otra mitad.

Morante es Morante, para bien y para mal. No hay mucho más que añadir.

Manzanares Talavante están apoderados por grandes (por su poder) empresarios, con los que han surgido los grandes conflictos. Ya chirriaba al comienzo de la andadura y así lo dijimos muchos. Con lo que no contábamos es con que tuvieran las tragaderas para mantenerlos a su lado (visto lo visto, es más bien mantenerse a su lado, que parece sólo un matiz pero no lo es) después de la denuncia ante Defensa de la Competencia.

Sólo nos quedan El Juli Perera. Los únicos que reúnen actualmente los elementos para llevar a cabo el proyecto: ganas, fuerza e independencia. No tengo muy claro que vaya a ser suficiente sólo con ellos dos, lo que sí tengo bastante claro es que lo vamos a comprobar, por cómo se han manifestado ambos este invierno.

Así queda explicado por qué pienso que los 10 no eran 10. Que no eran G (de “grupo”, digo yo) se encargaron ellos solos de demostrarlo con sus comportamientos a lo largo de la temporada y las incontables muestras de insolidaridad. Además de las espantás. Por todo ello ahora sabemos, con mucha más claridad que al comienzo, que el G10 nunca fue tal y que de esa manera se ha perdido un proyecto con muy buenas ideas, con buenas obras y malas decisiones. Un proyecto, en mi opinión, necesario.

 

Gracias por vuestro tiempo.

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