poesía

Puede. Morante.


Foto: Crescencio en www.aplausos.es

Foto: Crescencio en http://www.aplausos.es

Puede ser plomizo el día
o lucir el sol radiante;
puede ser por bulerías
o por tanguillos el cante.

Puede ser un rato antes
o no llegar todavía,
pero nadie negaría
verdad tan apabullante:

el arte no tiene miedo
ni tan siquiera un instante
si hundido el mentón al pecho

y con la pata pa’lante
pausa el mundo en un momento
el capote de Morante.

 

Gracias por vuestro (escaso hoy) tiempo.

 

 

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Será, José Tomás.


Lo de menos serían las orejas,

dicen, al fin y al cabo, son despojos,

lo que perdurará de la proeza

será el brutal toreo cadencioso.

 

Serán los naturales por derecho,

serán, tal vez, los quites a una mano,

será citar perfecto colocado,

serán series de siete y el de pecho.

 

Serán las cinco grandes estocadas,

será aquel arrimón con todo hecho,

serán las chicuelinas abrochadas,

 

será, seguro, tal como lo veo,

una mañana siempre recordada.

Será para la historia del toreo.

 

Gracias por vuestro (escaso hoy) tiempo.

Sí a los toros.


Por un ritual paseíllo,

por Perera,

por un nuñezdelcuvillo

y por Castella.

 

Por un natural templado,

por Mora, pero David,

por un buen pase cambiado

y Manuel Jesús El Cid.

 

Por un pase del desdén,

por Esplá padre, no niño,

por uno de Alcurrucén

y por Fandiño.

 

Por mantener la dehesa,

por Morante,

por la larga cordobesa

y Talavante.

 

Por una limpia gaonera,

por Aguilar,

por una hermosa montera,

y Marín, el catalán.

 

Por la plaza de Las Ventas,

por Urdiales,

por la verónica, lenta,

y Manzanares.

 

Por un bravo victorino,

por Saldívar,

por aquel cuadri astifino,

y Curro Díaz.

 

Por lo que escribe Zabala,

por El Fundi,

por la tienta de una erala

y Julián López El Juli.

 

Por torear en Sevilla,

por su veleta de bronce,

por una seria cuadrilla

y Enrique Ponce.

 

Por un pase codillero,

por una bronca sonora,

por un gran banderillero

y por Juan Mora.

 

Por la sangre derramada,

porque sí, ¿para qué más?

por las orejas cortadas

y José Tomás.

 

Por cruzar a hombros el Guadalquivir,

por un purísima y oro,

porque vivir sin torear, no es vivir,

¡SÍ al toreo! ¡SÍ a los toros!

El tercio de varas.


Uno, dos, tercer puyazo

el toro fijo en el peto

aprieta el del castoreño

el palo en todo lo alto.

 

Se arrancó bien desde lejos

tras el quite del espada,

lo aplaude toda la plaza

por el galope, perplejos.

 

El tercio de varas enseña

la bravura del buen toro

cuando en empujar se empeña;

 

pues de manso no adolece

quién, cuando le dan castigo,

no se repucha, se crece.

 

 

Gracias por vuestro tiempo.

Una entrada diferente.


La muleta planchada en el hocico

un natural sucede al anterior,

la mano puesta en medio del palillo,

el ¡olé! surge desde el interior.

Hasta allí se va el trazo, infinito,

no termina en la cadera, más allá,

es el temple llevándolo cosido,

es empaque cuando abres el compás.

Una cuarta de trapo en el albero

deja un surco que siembra majestad,

surge un pase de pecho codillero

y un pase de la firma con Montblanc.

Le das aire al toro; y a la gente

nos ofreces un tiempo de relajo

para captar el arte en el ambiente

y entender lo que tú creas ahí abajo.

Al rato cuando vuelves a la cara

del toro sometido a tu valor

haces crujir la plaza tabla a tabla,

haces romperse manos, de clamor.

No te hace falta más, mas no te importa,

te pegas a esa arena tan taurina

y reinventas un pase con tu impronta,

revientas el toreo a manoletinas.

Gracias por vuestro tiempo.